Fundamentos básicos de nuestra investigación


La enfermedad de Alzheimer es el tipo más frecuente de demencia y se caracteriza por la presencia en el cerebro de los afectados de dos lesiones características: una extracelular, constituida por las placas seniles o depósitos amiloides, y otra intracelular, constituida por los ovillos neurofibrilares. Actualmente, está científicamente reconocido que la proteína beta-amiloide es el principal componente de las placas seniles y que la proteína tau es el principal componente de los ovillos neurofibrilares. No obstante, en nuestro laboratorio hemos descubierto que la proteína beta-amiloide no sólo forma parte de las placas seniles, sino también de los ovillos neurofibrilares.

La senectud y la proteína beta-amiloide son, de los muchos factores que intervienen en el padecimiento de la enfermedad de Alzheimer, los principales factores típicamente característicos de la misma. Los pocos casos conocidos de Alzheimer por causa genética o familiar se deben a alteraciones en los genes de las proteínas que intervienen en el metabolismo de la proteína beta-amiloide. Por ello, para combatir la enfermedad de Alzheimer, la mayoría de las propuestas de intervenciones terapéuticas van dirigidas, fundamentalmente, frente a cualquiera de los supuestos efectos nocivos que la proteína beta-amiloide tiene en sus múltiples formas y variedades. Sin embargo, es muy probable que ninguna de las propuestas terapéuticas sea eficaz si no se implanta antes de que se establezcan los signos evidentes de la demencia. También es probable que la enfermedad no se pueda ni siquiera detener una vez está establecida. Las terapias en general y los tratamientos farmacológicos en particular deberían ser todos preventivos, por lo que se hace necesario ensayar y encontrar terapias eficaces en individuos que conozcamos vayan con toda probabilidad a sufrir la enfermedad.

La enfermedad es difícil de diagnosticar tempranamente y no existe actualmente cura ni prevención. En nuestro laboratorio hemos desarrollado unos kits que pueden ayudar a detectar la enfermedad incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas y que determinan los niveles sanguíneos de dos variantes de la proteína beta-amiloide, así como una vacuna terapéutica que esperamos ayude a cambiar el curso de la enfermedad de aplicarse tempranamente o, si aplicada antes de su aparición, a prevenirla.